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Temporada Musical 2013-2014

Temporada Musical 2013-2014

 

El órgano barroco: puente de unión entre pueblos enfrentados por la religión

La época del Barroco (s. XVII y XVIII) es clave para el desarrollo del órgano de las distintas escuelas europeas aparecidas en el siglo anterior, perfilando de manera definitiva sus características diferenciadas y su personalidad; pero lo es también para reafirmar la disgregación de las distintas confesiones cristianas, creada cuando la Reforma luterana del siglo XVI arranca de Roma las comunidades radicadas fundamentalmente al Norte de Europa. Esto acarreará cambios sustanciales no solo en el terreno doctrinal sino también en el disciplinar; con la creación de nuevas liturgias y manifestaciones religiosas, con la aparición de las lenguas vernáculas para suplantar al latín, lengua oficial de la Iglesia, etc.

El órgano, instrumento que la Iglesia a partir del s.X ha ido haciendo suyo, configurando su estructura interna y asignándole su papel en el culto; ahora, desde el s.XVI, cuando el culto a Dios se diversifique por las Reformas luterana y calvinista y la Contrarreforma del Concilio de Trento, desempeñará distintos cometidos; irá adquiriendo mayor protagonismo en unas confesiones (luterana y católica) mientras quedará relegado en otras (calvinista); protagonizará la aparición de nuevas formas musicales (corales, versos, interludios, himnos, etc.), actuando como mero acompañante del canto o como instrumento solista. Y esta explosión de formas diversas no tardará en traspasar todas las fronteras, intercambiando partituras, técnicas y hasta músicos compositores e intérpretes; estableciendo así profundos contactos musicales entre los distintos pueblos europeos y las religiones cristianas. Así el órgano se convierte en un lugar de comunicación entre pueblos distanciados por la religión.

Por todo ello, este año hemos invitado al Ciclo de Conciertos Magistrales de febrero a tres grandes intérpretes del órgano europeo actual: Lorenzo Ghielmi, organista de la Basílica de San Sulpiciano de Milán (Italia); Matteo Imbruno, organista de la Oudekerk de Amsterdam (Holanda) y Johannes Unger, organista de Santa María de Lübeck (Alemania), maestros incuestionables del barroco de sus respectivos países, y organistas titulares de lugares tan emblemáticos desde el punto de vista organístico y de diferentes confesiones religiosas, como estos de Milán, Amsterdam o Lübeck.

Ellos nos demostrarán que el órgano con su música unifica el lenguaje con el que nos dirigimos y alabamos a Dios, aunque las diferencias teológicas y disciplinares entre las Iglesias nos hayan distanciado y enfrentado durante siglos; y todavía hoy no nos permitan la tan deseada unidad.

Pero la música no entiende de fronteras, y ha encontrado en el órgano uno de sus más fervientes vehículos de comunicación y de unión.

Conciertos magistrales: Días 10, 17 y 24 de febrero a cargo de:

Actividades educativas y culturales