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José Ramón Marcaida López, Arte y Ciencia en el Barroco Español, Focus-Abengoa y Marcial Pons Historia. Madrid, 2014. 337 páginas y 56 Ilustraciones.

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Portada del libro de José Ramón Marcaida, IV Premio internacional Alfonso E. Pérez Sánchez.

El Seiscientos temprano está justamente considerado como la Edad de Oro de la cultura española. Durante este periodo, la primera mitad del siglo XVII, autores como Cervantes, Quevedo, Lope de Vega y Velázquez sacaron a la luz sus obras más importantes, y Madrid era la capital de un imperio global. Recientemente, y cada vez con más énfasis, los historiadores han reconocido la importancia de las contribuciones hispanas a la Revolución Científica a través de instituciones como la Casa de Contratación, el enorme proyecto de acumulación de información que fueron las Relaciones Geográficas y expediciones botánicas como la de Francisco Hernández. Así como la expansión ibérica en los territorios de ultramar proporcionó un modelo imperial a otros estados atlánticos, sus esfuerzos por comprender y sacar partido de la nueva fauna y flora de las Américas, así como de sus habitantes, también influyeron en el proceder de otros países, como es el caso de Inglaterra y Sir Francis Bacon. La naturaleza global de la monarquía de los Habsburgo tuvo como consecuencia que sus prioridades científicas se centraran en aquellas áreas directamente relacionadas con asuntos imperiales: cartografía, etnografía e historia natural. Así, las ilustraciones de la expedición de Hernández constituyen el punto de conexión entre las actividades científicas del siglo XVI y el estudio de la cultura visual y material de la ciencia en el Barroco hispano llevado a cabo por José Ramón Marcaida.

El libro de Marcaida, en esencia, trata sobre conexiones intelectuales y por ello está organizado en tres secciones interrelacionadas: Acumulación, Representación y Preservación. La figura que ejerce de hilo conductor y que conecta todos los temas del libro es el naturalista jesuita Juan Eusebio Nieremberg, responsable de la cátedra de historia natural en el Colegio Imperial de Madrid. Como muchos otros personajes de esta época, además de su actividad científica Nieremberg cultivó intereses muy diversos, como por ejemplo la teología o la mística. Como consecuencia de esto, sus contribuciones al conocimiento científico parecen estar demasiado cargadas de alusiones a temas religiosos para la sensibilidad moderna, una característica que, hasta tiempos recientes, ha ralentizado su reconocimiento como figura científica. Nieremberg conecta las ilustraciones de la expedición hernandina del siglo XVI con las representaciones pictóricas, algo posteriores, del ave del paraíso.

El capítulo titulado Acumulación está dedicado a los gabinetes de curiosidades, no sólo como antecedentes de los museos de historia natural sino también como manifestaciones de la riqueza material. Como tales, los gabinetes adquirieron un capital social adicional que inspiró la producción de imágenes de estas colecciones de objetos. Representación, el segundo capítulo, se ocupa de las ilustraciones de la expedición de Hernández y el uso que hizo de ellas Nieremberg en su libro Historia naturae. Por último, el tercer capítulo, Preservación, está dedicado a la naturaleza transitoria de la materia terrenal. Traza la historia de las representaciones del ave del paraíso en obras de Nieremberg y Peter Paul Rubens, entre otros, y asocia estas imágenes con el género pictórico de las vanitas. En último término, el libro de Marcaida pone de manifiesto hasta qué punto las ciencias, según la mentalidad del Barroco hispano, no fueron consideradas como una fuente fiable de información sobre el mundo natural.

El trabajo de Marcaida es verdaderamente interdisciplinar, pues integra los métodos de la historia del arte y la historia de la ciencia. Aun centrado en la producción intelectual de un solo individuo, el libro abre nuevas y prometedoras vías para el estudio de la ciencia española de este periodo. En lugar de buscar un potencial equivalente de Galileo en el contexto hispano, Marcaida explora el rico mundo intelectual de Nieremberg y saca a la luz un conjunto de actividades científicas en gran medida ignoradas porque no parecían “modernas”. Además, al incorporar materiales de fuentes italianas como los Lincei o referencias al contexto flamenco, como en el caso de Rubens y Carolus Clusius, el autor recuerda a sus lectores que en el siglo XVII el mundo hispano era mucho más amplio que lo que señalan las actuales fronteras; un espacio donde figuras vinculadas a Italia o Flandes podían interactuar con un conocimiento botánico procedente del Nuevo Mundo. En su introducción Marcaida señala que Erwin Panofsky caracterizaba el Barroco como un “alboroto magnífico”. Este libro constituye un paso adelante en el proceso de desenmarañar el alboroto de la ciencia en el Barroco hispano.

Marcelo Aranda

Universidad de Stanford

Actividades educativas y culturales