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El San Pedro de los Venerables de Murillo restaurado en el Museo del Prado

La estrecha colaboración del Museo Nacional del Prado y la Fundación Focus-Abengoa ha dado como resultado la recuperación de una de las grandes obras maestras de Murillo, el San Pedro de los Venerables que formó parte de la decoración pictórica de la iglesia de los Venerables, hoy nuestra sede. El célebre lienzo volvió temporalmente en 2012 a Sevilla para participar en la exposición Murillo y Justino de Neve: el arte de la amistad organizada por el Museo Nacional del Prado, la Fundación Focus-Abengoa y la Dulwich Picture Gallery de Londres, comisariada por Gabriele Finaldi, hoy director de National Gallery de Londres y responsable del histórico hallazgo de localización del San Pedro.

El director del Museo del Prado, Miguel Zugaza, y la directora general de la Fundación Focus-Abengoa, Anabel Morillo, acompañados por el conservador responsable de la colección de Murillo en el Museo, Javier Portús, y María Álvarez, restauradora de la obra, presentaron la obra en la sala 17 del edificio Villanueva donde podrá ser contemplada hasta el 17 de enero de 2016. La obra, pintada para Justino de Neve y legada por éste al Hospital de los Venerables en 1685, se exhibirá temporalmente en el Museo del Prado acompañada por otras pinturas del artista sevillano, antes de su regreso definitivo al Hospital de los Venerables, culminando así la restitución de esta obra maestra de la pintura barroca sevillana.

Este lienzo de valor singular de Murillo, adquirido por Abengoa en 2014, pasará a formar parte del patrimonio artístico de Focus-Abengoa y se incorporará a la Colección permanente del Centro Velázquez, ubicado en el mismo Hospital de los Venerables. Tras su recuperación en el Reino Unido llegó al Prado para ser sometido a un estudio técnico y una limpieza que ha recuperado la composición concebida por el autor y permite apreciar los recursos técnicos y estilísticos empleados por el célebre pintor.

El lienzo de San Pedro penitente de los Venerables tiene como punto de partida una composición de Ribera, y su tema fue muy popular en España durante el Siglo de Oro: el retiro y arrepentimiento de san Pedro, que junta sus manos y dirige sus ojos acuosos al cielo. En la iglesia del Hospital se conserva aún el retablo en el que se expuso desde al menos 1701 hasta que, durante la Guerra de la Independencia, la obra fue confiscada por el mariscal Soult, en cuya colección permaneció hasta su muerte en 1851. Desde entonces la obra ha permanecido en colecciones privadas.

Cuando la obra llegó al Museo del Prado procedente de Reino Unido se encontraba en un buen estado de conservación, pero estaba oscura, apagada y sin volumen. Los barnices acumulados y restauraciones anteriores restaban transparencia e impedían ver con claridad el lugar que debía ocupar cada una de las partes diseñadas para esta composición. Por eso, a pesar de su aparente buen estado, no mostraba estas necesarias referencias de espacio y profundidad. La restauración ha sido realizada por María Álvarez Garcillán, restauradora con gran experiencia en la pintura barroca española y que también restauró la Inmaculada de los Venerables de Murillo. Los tratamientos efectuados han ido dirigidos a la consolidación de la pintura –proceso que evita posibles desprendimientos o levantamientos de su craquelado– y a la eliminación de intervenciones anteriores que ocultaban la pintura original. Al suprimir los barnices y los repintes, la obra muestra el virtuosismo técnico y estilístico de Murillo en esta etapa de madurez. Los análisis técnicos y químicos han respaldado la pauta de intervención, a la vez que ayudan a entender la técnica y proceso creativo del autor.

Presentación de restauración del San Pedro de los Venerables de Murillo en el Museo del Prado.

En esta obra, donde la iluminación es uniforme pero con marcados contrastes, Murillo proyecta primero el celaje y los fondos sobre el medio tono de la preparación, que tiene un color grisáceo. Después encaja la figura en la zona que ha dejado reservada para ello, la penumbra de la gruta, resaltando del fondo por su pincelada mucho más empastada. La pincelada es muy versátil, y es la protagonista de su estilo. Con el pincel cargado modela las carnaciones, marcándose la huella del pincel. Consigue los efectos etéreos en el paisaje diluyendo su carga, y alcanza las transparencias de los fondos licuando al máximo el pigmento. Los toques finales los hace con pinceladas secas que marcan los puntos importantes de luz.

Trabaja por capas, superponiendo las claras sobre las oscuras, para hacer que se aprecien los contornos. El modelado de rostro y manos es más pastoso que el del manto. A su vez las telas son más empastadas que el fondo. El efecto oscuro de la gruta se consigue con una pincelada muy homogénea y poco marcada. La restauración ha permitido volver a entender el mensaje, y comprender cómo se comunica el autor a través de la materia pictórica.

En paralelo, el marco ha sido restaurado por Isabel Fernández, del equipo del museo, y aunque la moldura no es la original que se conserva en el altar de la iglesia del Hospital de los Venerables, se trata de una magnífica pieza de estilo “Primer Imperio” realizada, probablemente, cuando el cuadro llegó a Francia por obra del ejército de Napoleón.

En suma, la restauración en el Museo del Prado del San Pedro de los Venerables de Murillo, es un hecho histórico que consuma el regreso definitivo de una obra maestra de la pintura española, recuperada en el extranjero por Abengoa para su Fundación cultural. Y en palabras de la directora general de la Fundación, “este rescate, tiene una poderosa carga simbólica y emocional para los sevillanos que sienten –con el orgullo lógico– que esta restitución les devuelve parte de su alma y de su identidad artística”.

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