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Escuela de Barroco 2015

Los días 9, 10 y 11 de noviembre, la iglesia del Hospital de los Venerables acogió la XII edición de la Escuela de Barroco Fundación Focus-Abengoa, que en 2015 ha llevado por título Ciencia, Naturaleza y Arte en tiempo de Barroco. Fueron tres días de inmersión en el ambiente intelectual del siglo XVII, donde los especialistas invitados –procedentes de prestigiosas instituciones como el Museo Metropolitano de Nueva York, el Museo Nacional del Prado o la Universidad de Cambridge, entre otras– abordaron los avances en la ciencia durante el seicentos, unos cambios que revolucionaron el modo de observar, estudiar y comprender la naturaleza e, irremediablemente, la manera en que esta realidad era plasmada en el arte.

La intervención del jesuita Guillermo Rodríguez-Izquierdo el martes 10 sentó las bases para comprender el contexto de profunda convulsión en el pensamiento a través del que se abrió paso esta nueva ciencia, un contexto, explicaba el conferenciante, donde se impuso un enfoque diferente, por el que se dejaban atrás las deducciones metafísicas propias del pensamiento aristotélico. También era el periodo de los descubrimientos, momento en el que se produjo otro cambio fundamental para comprender la relación entre ciencia y arte en el Barroco: una importante ruptura entre la realidad novedosa que describían los exploradores y la que figuraba en los textos de la tradición naturalista clásica y medieval. José Ramón Marcaida –Universidad de Cambridge– apuntaba cómo “esta brecha trajo consigo la revalorización de la observación y la experiencia directas, lo que en el campo de los estudios de la ciencia se ha descrito como el auge del empirismo”.

Impulsados por esta nueva forma de aproximarse a la realidad, los científicos del siglo XVII realizaron aportaciones que, a la postre, terminarían incidiendo en la forma de hacer arte en el Barroco. Destacaron entre estas contribuciones las de Copérnico y su teoría heliocéntrica, así como la de Galileo, que empleó aparatos ópticos tales como el telescopio o el microscopio para conocer el mundo, tema ampliamente tratado por Javier Viar –Museo de Bellas Artes de Bilbao– en su ponencia La ciencia, las ciencias y el Barroco.

Con estos antecedentes sobre la mesa, el público asistente, entre el que se encontraban alumnos de la Universidad Loyola de Andalucía y de la Universidad de Sevilla, pudo observar, a través de los múltiples ejemplos que durante los tres días de conferencias emergieron en la iglesia del Hospital de los Venerables, cómo estos cambios en la forma de comprender el mundo cristalizaron en el arte barroco. Ante la pantalla de proyección desfilaron multitud de bodegones, género que adquirió gran popularidad en el siglo XVII, y donde hubo un lugar destacado para las vanitas de Valdés Leal de la mano de Enrique Valdivieso –Universidad de Sevilla–. El catedrático se adentró en la producción del artista hispalense dedicada a estos macabros bodegones, cuya temática gira en torno a la caducidad de los bienes temporales y la brevedad de la vida, todo ello característicamente presidido por una calavera. José Ramón Marcaida, por su parte, hizo hincapié en piezas de corte más científico, como por ejemplo el Bodegón con nueces de Antonio Pereda. “Hay mucha ciencia tras estas obras”, apostillaba el docente haciendo referencia a la desaparición del elemento humano en este tipo de cuadros y su sustitución, en este caso, por flores exóticas, animales desconocidos y objetos extraños fruto de los viajes, los descubrimientos, el auge del coleccionismo y la curiosidad empírica del momento.

De izquierda a derecha, Keith Christiansen, Anabel Morillo y Antonio-Miguel Bernal.

Esta curiosidad científica no sólo se plasmó durante el Barroco en el contenido de las obras, sino también en la forma en que éstas eran producidas. Buena cuenta de ello dio Miguel Hermoso –Universidad Complutense–, quien diseccionó las pinturas de Velázquez para mostrar cómo el artista experimentó en sus composiciones con instrumentos como la cámara oscura. Estas evidencias pudieron constatarse en el análisis que Hermoso realizó de obras como Vieja friendo huevos o El triunfo de Baco. En su charla Velázquez: Ciencia y ficción, el profesor repasó la evolución de la visión de la realidad de Velázquez a lo largo de su carrera, trayectoria donde también estuvo presente la reflexión acerca de los límites de la ciencia y el poder de la pintura, y en la que su viaje a Italia marcaría un punto de inflexión.

Junto con las de Valdés Leal y Velázquez, Poussin centró la otra gran ponencia monográfica sobre un artista concreto. Flanqueado por la directora general de la Fundación Focus-Abengoa, Anabel Morillo León, así como por el coordinador científico de la Escuela de Barroco y Premio Nacional de Historia de España en 2006, Antonio-Miguel Bernal Rodríguez, el estadounidense Keith Christiansen fue el encargado de abrir la edición de 2015, la noche del lunes 9, con su conferencia inaugural sobre la obra del pintor francés, muy interesado en el estudio y la aplicación al arte de los conocimientos sobre matemáticas, óptica y ciencias naturales. En sus paisajes, explicaba el conservador jefe de pintura europea en el Museo Metropolitano de Nueva York, Poussin iba más allá de la mera descripción, para adentrarse en el funcionamiento y los fundamentos de la naturaleza. Gracias a su conciencia de pintor naturalista, el trabajo del francés pertenece a la primera gran era de las ciencias naturales, en la que ciencia moderna y cultura artística fueron de la mano.

Si bien la pintura ha ocupado un lugar preponderante en los contenidos de esta edición de la Escuela de Barroco, los ponentes también mostraron cómo los avances en el conocimiento impactaron sobre otras disciplinas artísticas en el Barroco. Así, Javier Viar se refirió a los jardines de Versalles y el Hortus palatinus del castillo de Heidelberg y también recordó cómo la llegada del modelo heliocéntrico se plasmó en tres de las obras más relevantes de Bernini, quien utilizó la elipse en su iglesia de Sant’Andrea en el Quirinal, en la plaza de San Pedro de Roma y en la fuente de la Piazza Navonna. Guillermo Rodríguez-Izquierdo S.J. también señaló ejemplos arquitectónicos y la influencia que la espiritualidad de la Compañía de Jesús tuvo en las bóvedas de las iglesias de san Ignacio y de san Francisco Javier, en Roma y Tepoztzotlán (México), respectivamente. En materia de escultura, el jesuita destacó las espléndidas tallas de la Virgen María y del arcángel Gabriel de la anunciación de Santa Rosa, muestras representativas del Barroco guaraní.

Por su parte, Manuela Mena –Museo del Prado– centró su intervención en el Barroco italiano, mostrando cómo la naturaleza en la que vivían los hombres y representaban los artistas tenía un profundo sentido clásico en Italia, inspirado en las Metamorfosis de Ovidio, contrapuesta a la visión realista de la pintura flamenca y holandesa, aunque en ambas culturas se utilizó siempre la naturaleza para expresar los sentimientos más profundos del ser humano. Destacó las hermosas descripciones de la naturaleza que realizaron grandes poetas como Virgilio o Petrarca, e incluso los asistentes pudieron disfrutar de piezas musicales como Zefiro torna de Monteverdi. Respecto a la producción editorial barroca, los libros fueron los protagonistas en la presentación de José Julio García Arranz –Universidad de Extremadura–, quien analizó el simbolismo de las aves presentes en los libros de emblemas y empresas del siglo XVII, con la presencia del componente ornitológico en la literatura simbólica moderna en sus diversas manifestaciones –desde los bestiarios “modernos” hasta los tratados estrictamente emblemáticos-, remitiéndonos a sus fuentes literarias y a los factores sociopolíticos e ideológicos que propiciaron el desarrollo de este género durante el siglo XVII. Finalizó la Escuela con una mesa redonda en torno al paisaje compuesta por Juan Fernández Lacomba, Jose Ramón Marcaida y Miguel Hermoso donde analizaron bajo la mirada multidisciplinar de un artista, un filósofo y un historiador del arte los diferentes aspectos del paisaje y su representación.

Además de contar con las intervenciones de ponentes de primer nivel en la materia, el programa de la Escuela de Barroco se completó con dos actividades extraordinarias. La tarde del martes 10, José Enrique Ayarra Jarne, organista titular de la Fundación Focus-Abengoa y de la catedral de Sevilla, ofreció un concierto de órgano a puerta abierta en el que interpretó composiciones de Bach, Haendel o Lully, por citar tan sólo tres autores. Como cierre a las jornadas, Fernando Amores y Juan Fernández Lacomba realizaron una visita guiada al Campus Focus-Abengoa en Sanlúcar la Mayor y explicaron la Historia de los paisajes del Guadiamar.

Rosa París Sánchez
Becaria de la Fundación Focus-Abengoa

Actividades educativas y culturales