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La colección de arte del Legado Alfonso E. Pérez Sánchez

Desde su recepción en 2011 el legado del historiador Alfonso Emilio Pérez Sánchez ha constituido para la Fundación Focus-Abengoa una de sus líneas preferentes de actuación y en él se están volcando grandes esfuerzos con el objetivo de que su potencial artístico y documental pueda estar cuanto antes completamente accesible a toda la sociedad e investigadores que lo necesiten. En verdad, una parte importante del trabajo realizado ya se encuentra disponible a través del catálogo en línea de la Biblioteca del Barroco, donde los interesados pueden encontrar más de 10.000 ejemplares de su biblioteca y la totalidad de su fondo antiguo, constituido por importantes tratados de arte y arquitectura desde el siglo XVI al XVIII, biografías de santos y artistas, así como repertorios de grabados y otros libros raros fundamentales para entender la cultura del Barroco. Su accesibilidad pública está permitiendo dotar de una importante cobertura científica a la Biblioteca del Barroco, al Centro Velázquez y al propio Hospital de los Venerables, sede de la Fundación Focus-Abengoa, que en absoluta sinergia con el resto de las actividades y proyectos promovidos por la institución permiten situarla en un referente en materia de Barroco.

Probablemente una de las facetas menos conocidas del profesor haya sido su interés por conformar una pequeña colección de obras de arte, actividad de la que hizo partícipe exclusivamente a su círculo más cercano. Calificar a Alfonso Pérez Sánchez de coleccionista en el sentido amplio del término puede ser una afirmación comprometedora. Nunca tuvo pretensiones acumulativas, ni seguía pulsiones de pertenencia o estrategias determinadas. Pérez Sánchez se guiaba exclusivamente por su gusto personal, impulsado por el deseo de rodearse de un mundo acorde a sus intereses, gustos y ámbitos de estudio, siendo muchas de las obras por él adquiridas fruto de oportunidades. De hecho sus obras más preciadas estuvieron siempre en su biblioteca, el sancta sanctorum de su casa. Allí se encontraba el lienzo de Vicente Carducho (c. 1576-1638) San Bruno con sus seis discípulos trata de retirarse a la soledad, uno de los pocos bocetos supervivientes en España del ciclo de pinturas realizadas por el pintor florentino para la Cartuja del Paular. Esta obra tuvo siempre un componente emocional añadido porque había pertenecido a su vez al exdirector del Museo del Prado D. Xavier de Salas Bosch (1907-1982), quién lo nombró subdirector del museo en 1970. La Biblioteca albergaba otras pinturas de importancia como una Inmaculada del pintor Antonio Acisclo Palomino (1655 –1726), artista al que dedicó importantes estudios, y que además enmarca un excepcional trabajo en madera tallada atribuido a Germán López (h. 1709-1764), un escultor activo en el taller de Narciso Tomé en sus años de actividad toledana y que colaboró a la difusión del estilo rocaille en la ciudad manchega. Otra obra por la que sentía una especial predilección fue El Martirio de San Sebastián de Sebastián Martínez y Domedel (c. 1615 –1667), cuadro de presentación para un gran lienzo conservado en la Catedral de Jaén, especialmente significativo por sus numerosas variantes respecto a la versión definitiva.

Como se puede advertir por las obras citadas, el criterio selectivo que dominó la formación de la colección refleja fielmente el desarrollo de sus investigaciones en el ámbito de la pintura barroca, siendo asimismo su adquisición objeto de descubrimientos personales en su mayor parte. Es el caso, por ejemplo, de dos lienzos del pintor aragonés Jusepe Leonardo (1601 – 1653) que muestran la Presentación del Niño en el templo y El sueño de San José, obras de singular interés realizadas seguramente en Madrid, cuando trabajaba en el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro bajo la supervisión de Velázquez. También dentro del ámbito de las pinturas identificadas por él se encuentra el Martirio de San Esteban y el Martirio de San Lorenzo: dos pizarras delicadísimas y atribuidas a Leonard Bramer (Delft, 1596 – 1674), un pintor educado en Roma y con cortísima producción pictórica.

La colección no se limitó sólo a la pintura, extendiéndose a otros soportes y formatos entre los que destaca por su importante número el conjunto de artes gráficas; entre éstas hay dos obras que tienen una consideración especial pues lo acompañaron a lo largo de toda su vida profesional: un grabado de Jesús ante Pilatos de Rembrandt Harmenszoon van Rijn (Leiden, 1606 – Ámsterdam, 1669), que fue una de sus primeras e importantes adquisiciones, y la aguatinta Ce sera la dernière, petit-père (Ésta será la última vez, padre) de Georges Rouault (1881-1958) uno de los exponentes con mayor personalidad del expresionismo francés en la representación de las debilidades y las flaquezas humanas. 

Inmaculada Concepción, Antonio Palomino.

Precisamente, será el arte contemporáneo otra de las vertientes mejor cultivadas por Pérez Sánchez, especialmente representada a través de algunos artistas de la vanguardia española del periodo de entreguerras que tenían una particular significación para él, no sólo por sus cualidades artísticas sino también por su dimensión y compromiso intelectual. Es el caso de José Moreno Villa (1887 – 1955) que, además de estar vinculado a la Institución Libre de Enseñanza, hizo una importante labor en el ámbito de la historia del arte y de la conservación de archivos y tuvo que exiliarse con la guerra civil española. De él poseía varias obras, entre ellas Paisaje con espíritus, significativo ejemplo de su pintura poética y surrealista.

Su dilatada actividad en el Museo del Prado le permitió también estrechar amistad con numerosos artistas de su tiempo y de ello da fe la correspondencia conservada en su archivo, cuyo inventario ha podido concluirse en los últimos meses, permitiendo descubrirnos a todos su estrecho contacto con el arte contemporáneo. Por ejemplo, de su relación con su paisano el pintor murciano Ramón Gaya (1910-2005), sobre todo a partir de su visita a la exposición antológica que el Museo del Prado dedicó a Velázquez en 1990, es fruto la acuarela Homenaje al pintor (1990). El legado también conserva un significativo número de obras de Gerardo Rueda (1926 – 1996) entre collages, litografías y su Terráqueo (1992), una escultura en madera y corcho que responde fielmente a su solidez geométrica y evocadora pureza formal, testimonios todos de la relación de amistad y respeto profesional entre el profesor y el artista de la escuela de Cuenca.

Nos encontramos en definitiva ante una colección que supera las 250 obras y que además de evidenciar sus agudas capacidades de connoisseur, ampliamente demostradas en sus escritos, constituye un fiel reflejo de su sensibilidad tanto para el arte del pasado como para el de su presente. Conscientes de la importancia de haber podido mantenerla íntegra junto a todo su legado intelectual, tal como era deseo de Alfonso E. Pérez Sánchez, la Fundación Focus-Abengoa trabaja ahora en su mejor conocimiento y conservación para que muy pronto pueda estar al alcance de todos, contribuyendo con ello a uno de sus principales fines: la difusión del conocimiento científico y cultural a la sociedad.

Roberto Alonso Moral
Conservador del Legado Alfonso E. Pérez Sánchez.
Fundación Focus-Abengoa

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